Mostrando entradas con la etiqueta Cataluña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cataluña. Mostrar todas las entradas

2.4.18

Rebelión posverdadera



La represión del Estado a aquellos que han osado desafiarlo está siendo implacable. No podía ser de otra manera, pues no es moco de pavo que intenten amputar una de tus partes. Y para no andarse con chiquitas, nada mejor que recurrir al delito de rebelión, tipificado en el artículo 472 y siguientes del código penal, guarnecido por el de malversación y, subsidiariamente, por el de sedición. Sin embargo, la acusación por malversación, un delito relativamente menor, difícilmente justificaría la prisión provisional sin fianza. Más aún teniendo en cuenta lo dudosa que es su comisión ya que se requiere ánimo de lucro.

Por lo tanto, para entender el guirigay conviene prestar atención al delito de rebelión que te asegura una condena de entre quince y veinticinco años en la trena, y, si te pusieras muy chulo, hasta treinta. Así reza el artículo 472 de nuestro código penal:

  Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:
1.º Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución.
2.º Destituir o despojar en todo o en parte de sus prerrogativas y facultades al Rey o al Regente o miembros de la Regencia, u obligarles a ejecutar un acto contrario a su voluntad.
3.º Impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos.
4.º Disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, impedir que se reúnan, deliberen o resuelvan, arrancarles alguna resolución o sustraerles alguna de sus atribuciones o competencias.
5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.
6.º Sustituir por otro el Gobierno de la Nación o el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o usar o ejercer por sí o despojar al Gobierno o Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o a cualquiera de sus miembros de sus facultades, o impedirles o coartarles su libre ejercicio, u obligar a cualquiera de ellos a ejecutar actos contrarios a su voluntad.
7.º Sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.

Este artículo, junto con otros que le siguen, es el claro ejemplo de una ley injusta. Por eso en muchos países no se recoge en el código penal un delito de estas características. Es abusiva, porque aunque convenientemente disfrazada,  es una ley que atenta contra la libertad de expresión, pues si alguien pone en entredicho la constitución, la integridad territorial del Estado o sus instituciones debe ser juzgado por los hechos perpetrados en su tentativa,  no por haberlo intentado. Y para juzgar los eventuales hechos sobran otras leyes.  Es decir, si en el fragor revolucionario quema el Palacio de las Cortes debe ser juzgado por incendiario no por revolucionario.

Sin embargo, a los jueces no corresponde cuestionar las leyes, sino aplicarlas. Aunque, en este caso, no creo que se pueda decir que lo hagan con la debida mesura.  Como bien reza el artículo 472, los rebeldes para ser perseguidos por la ley deben alzarse violenta y públicamente. No cabe duda de que el alzamiento ha sido público, pues los rebeldes votaron una declaración de independencia en una sesión del Parlament transmitida por televisión. ¿Pero hubo violencia? ¿Por acaso alzaron sus manos con excesiva brusquedad a ojos de la fiscalía? No hubo violencia, por más que se esfuerce el gobierno en asegurarlo y el fiscal en argumentarlo.

Ni tan siquiera los sucesos previos a la declaración de independencia fueron violentos. No al menos por parte de los rebeldes. Y les llamo así, no por imputarles un delito, sino porque el correcto castellano me lo permite. No practicaron la violencia ni  la incitaron. Ni el día del referéndum ni en los previos. La única violencia existente en aquellas fechas es imputable a otros. La imagen de la policía persiguiendo cajas de cartón y papelitos en los días previos al uno de octubre todavía está impresa en mi retina. No daba crédito a lo que estaba presenciando. No podía creer que tan pueril atentado contra las libertades más básicas estuviese sucediendo en la España de este siglo poco más que recién estrenado.

 Mi estupor se convirtió en indignación el día de la consulta secesionista.  El gobierno no dudó en usar a los cuerpos y fuerzas de seguridad para satisfacer sus fines partidistas. Enviaron a la policía a reprimir a personas que no estaban cometiendo  ningún delito. ¡Introducir un papel en una caja no es delito, carajo! A personas que no estaban suponiendo ningún problema de orden público, a personas que disfrutaban de su mañana de domingo como les salía de las narices. Pero al gobierno le dio igual comportarse como un follonero de mañaneo dominguero puesto de speed hasta las cejas luego de una larga noche de fiesta.

Yo creía entonces que Rajoy buscaba impedir la consulta para así apuntarse un tanto político y quedar delante de toda España como el hombre que cumple su palabra, pues se hartó en los meses previos de asegurar que el referéndum no tendría lugar. Ahora creo que estaba equivocado.  Que se votase o no era lo que menos le preocupaba. Buscaba el lío, la violencia. Así podría construir un relato a su medida y justificar lo que vino después: la rebelión posverdadera.

Los gobiernos acostumbran a ser duchos en el artificio de la posverdad, pues medios no suelen faltarles. Aunque el palabrejo es reciente, no lo es la manipulación de las emociones con el fin de lograr la ciega adhesión de la opinión pública. Como si no explicar esos desfiles de cándidos  mozos caminando al matadero de una guerra en la que nada les viene ni les va o esos millones de miradas a otro lugar cuando el aparato estatal conculca los más elementales derechos para salvar a la patria de un enemigo más o menos imaginario sin importar lo que este haya hecho. Pues bien, el Estado, el gobierno, los medios de comunicación o San Pito Pato pueden fabricar la realidad posverdadera a su antojo, incluso fabular una rebelión posverdadera, que por eso no va a cambiar. Yo lo vi. Y no fue así.       

4.10.17

¿QUÉ VA A PASAR EN CATALUÑA?



No te inquietes, colega, el Barça va a seguir jugando la liga. El Rey ya ha hablado, evidentemente anunciando las intenciones del gobierno. Es de suponer que sigue su dictado. Así debería ser, al menos. Y las intenciones han quedado claras: mano dura.

Aguardan a que los ánimos se calmen y la gente tenga que volver al trabajo y a recoger a sus niños al cole. En ese momento, cuando en la calle solo queden los más exaltados, los de las CUP y esa gente, los grises o los del color que vistan ahora van a repartir estopa a saco. Y algunos que estos días andaban por las manis aún se lo agradecerán, pues los malditos cortes de tráfico los retrasan en sus idas y venidas al curro. También irán a por el Govern y altos cargos de la administración catalana. Al trullo. Suspenden la autonomía y convocan elecciones.

Al PP se la trae al pairo el resultado de unas elecciones en Cataluña. No se juega absolutamente nada. Como si el bloque soberanista obtiene el 174% de los escaños. Que no lo hará, claro. Se la sopla. Bordearán las normas básicas del Estado de Derecho, como han hecho el domingo del referendo y días previos. Pero eso a quien le importa con tal de garantizar la sagrada unidad de la Patria. Y de aumentar la saca de votos en Madrid, Galicia y Extremadura, claro. Que no solo de vino vive el hombre.

Mira, una independencia unilateral no se consigue repartiendo rosas sino palos. Y cosas mucho peores. Para que puedas repartir palos a espuertas o para que tengan miedo a dártelos a ti, que tanto monta, necesitas ayuda externa. Del primo de Zumosol, a ser posible. Como Cuba en su día o Crimea, Croacia o Bosnia más recientemente. Dudo mucho que los independentistas la vayan a recibir. Bueno, no lo dudo, estoy seguro.



Además hay que estar dispuesto a jugársela. Y las cosa no están tan mal para que los independentistas se jueguen el tipo. Otro gallo cantaría si Europa no le hubiese sacado las castañas del fuego al Estado español. Entonces hubiésemos quebrado y la independencia podría haber resultado potencialmente muy beneficiosa para muchos. Como te lo diría, si eres un funcionario y vas a dejar de cobrar todos los meses porque el Estado español está en quiebra, a lo mejor puedes pensar que un Estado catalán te pagará la nómina puntualmente a comienzos de mes. ¡Ah, coño! Entonces sí ¿Dónde hay que repartir mamporrazos que me apunto? Pero lo peor de la crisis económica ya ha pasado y con ello la única oportunidad de que los independentistas lograsen sus fines. Ya sé que la extrema izquierda berrea por ahí la rebelión y el fin del régimen del 78, pero que van a decir.


Poco a poco buena parte de la población y los nuevos líderes de la derecha nacionalista que sustituyan a los inhabilitados o a los que jueguen al ajedrez en la Modelo irán olvidando el asunto de la independencia. Persistir en el órdago de la independencia unilateral es demasiado costoso para todos, que hay que comprarle el nuevo iphone a los chavalines y siendo conseller de obrar públicas se vive del carajo y se mangonea que no veas. Así, suavecito, luego de unos buenos porrazos y unas amables pelotas de goma, las aguas retornarán a su cauce. Y así hasta otra. Pero para entonces todos calvos. Bueno, por el medio, muchos independentistas volverán a ser solo nacionalistas moderados y negociarán con el gobierno, de izquierdas probablemente, un cambio en la inserción de Cataluña en el Estado. Con lo cual, al final llegamos a donde podríamos haber llegado mucho antes y, sobre todo, con mucho menos alboroto. Pero así son las cosas.

29.9.17

Entendiendo el Process


Las promesas rotas

Zapatero prometió que compraría cualquier cosa que saliese del Parlament. La irresponsable promesa no cayó en saco roto y la élite política catalana le envió una patata caliente en forma de Estatut. A ver si colaba, pero no coló. El Partido Popular aprovechó la ocasión, jugó sus bazas y el Estatut se fue al desván de los sueños rotos, por inconstitucional, dicen. Y ya se sabe que las promesas incumplidas generan desamores.

El disfuncional mapa electoral español

El Partido Popular es una fuerza política capaz de constituir mayorías parlamentarias españolas, pero residual en Cataluña. Esta disfuncionalidad conlleva que el PP sea muy poco receptivo a las reclamaciones catalanas. Salvo, claro está, cuando su mayoría parlamentaria en Madrid depende crucialmente de los votos de la derecha nacionalista catalana. En esas circunstancias se vuelve más abierto y simpático. Hasta el presidente del gobierno hace sus pinitos con el catalán en la intimidad. Sin embargo, en los últimos años los vientos no han soplado propicios y Mariano no ha necesitado asistir a la escuela de idiomas.

La crisis económica y el auge de la extrema izquierda

Ya se sabe que cuando el barco se hunde tonto el último. Durante los malos tiempos, tiempos de Bárcenas, desempleo, rescates bancarios,… se ha instalado en la opinión pública catalana la sensación de que del Reino de España es un estado de coña y que una república catalana sería algo más serio. Nada de eso pasaría si el seny gobernase, piensan ahora muchos en Cataluña como si Pujol fuese tibetano.

La crisis ha dado alas a la extrema izquierda rupturista. El follón en Cataluña es un martillazo más en un muro que en su imaginario se derrumba. Y cualquier empujoncito se agradece. Para las CUP es el comienzo de la revolución, para el universo Podemos la prueba de que la Constitución del 78 es una mierda pinchada en un palo. Este alboroto les viene bie, porque no aprovecharlo.

La corrupción

¡Qué suene la música bien alta! ¡Más alta, más alta! ¿Qué me dices? ¡No te oigo! Dale caña a la música ¡Más alta, más! ¿Quién habla ya del pastizal que se levantó el clan Pujol? ¿Qué sabes del Bárcenas? ¿Cómo le va por el trullo? Pues eso, que no te oigo. Y, además, a quien le importan nimiedades cuando Catalunya por fin ocupará su lugar en la historia o cuando España se va al carajo. ¡A mí la legión!

El café para todos, pero para  los vascos dos tazas

A los vascos y navarros en la Constitución les tocó la lotería. Y los catalanes también quieren su premio. Lógico, digo yo. Pero no todos podemos gozar de los privilegios de los vascos y los navarros, que los números son los números y ya se sabe que dos más dos son tres después de la mordida. ¿Pero, por qué ellos y yo no?

Si le has dado un caramelo a las élites regionales ahora no puedes quitárselo. ¿O te crees que van a ser ellos menos que los polacos? Ahora no hay manera, chico, cada vez que negocies algo con los catalanes las moscas cojoneras van a preguntar, ¿Qué hay de lo mío? Y, claro, te preguntas si la Santa Patria no acabará en un batiburrillo de taifas.

¿Qué cómo se puede solucionar el follón?

No queda otra que buscar una inserción asimétrica de Cataluña en el Estado aunque tengas que soportar los quejíos de los reyezuelos, y reyezuelas, de las taifas. Vascos y navarros ya la tienen y nadie se ha rasgado las vestiduras. No digo que haya que darle un cupo a Cataluña. De eso nada. Pero hay modelos de financiación que podrían marchar bastante bien. De paso, si se suprimiesen el cupo vasco y el concierto navarro, niquelado. Pero eso no lo verán mis ojos. Y no debemos olvidar que la asimetría no sólo es cuestión de financiación, también de competencias. Y, porque no, también de rollito simbólico, tipo nación y esas vainas, que la peña también tiene su corazoncillo. 

 Además, llegados a este punto, hay que pactar unas condiciones claras para una potencial secesión. Este espectáculo lamentable no conviene repetirlo. Más que nada porque ya cansa. Pactar cada cuanto tiempo se puede celebrar un referéndum, como tienen que ser las mayorías para que se tome una decisión u otra, que partes se quedan y cuales se van, posibles compensaciones,…Ya sabes, esas minucias de intendencia que si están claritas nos hacen la vida más fácil.

El Process y el Referendo sólo son batallas de una guerra. Escribo esto figuradamente, voy a repetirlo por si acaso, figuradamente, que quede claro, no vaya a ser que haya malos entendidos. Y el destino de la misma ya está decidido. Los acontecimientos han llevado a la izquierda española a tomar ciertas posiciones. El Partido Popular también ha modificado las suyas. Sólo es cuestión de tiempo y de una coyuntura parlamentaria favorable que las reclamaciones catalanas, aquellas por las cuales comenzó el jaleo, se satisfagan. Podían habernos ahorrado todo este bochorno si desde un principio se hubiesen sentado a negociar. Pero no lo hicieron, y, mucho me temo, que ahora las exigencias han aumentado. 

Coda


Este guirigay no es la primera ni la segunda vez que se monta. Ahí están los libros de Historia para que cada uno te cuente su película.  En Cataluña siempre ha habido unionistas y secesionistas, desde no mucho después de que a los Reyes Católicos les diese por contraer nupcias.  ¿Por qué no dejar que resuelvan sus problemas tranquilamente? Más que nada para que no den la murga. Y si se quedan, bien. Y si se van, pues también bien, Y si quieren volver a entrar, pues ya veremos. Si las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen. Keep calm y baila rock and roll.